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Cuando llegué a
casa ordené a la sirvienta que me siguiera al ágora, y la
llevé a casa de uno de mis allegados y le dije que yo estaba
enterado de todo lo sucedido en mi casa”.
“Así que”, dije, “te es posible elegir la que quieras de
estas dos opciones, o ser azotada y acabar en el molino, y
jamás parar de verte sometida a tales males, o confesar toda
la verdad y no sufrir mal alguno, sino obtener de mi el
perdón de tus errores”.
No digas ninguna mentira, sino di toda la verdad”. |