|
[25]
Yo, señores, lo
golpeé y lo tiré al suelo, y le llevé ambas manos a la
espalda, lo até y pregunté por qué me ultrajaba entrando en
mi casa. Y aquél reconoció que cometía injusticia, y se puso
a rogar y suplicar que no lo matara, sino que le pidiera
dinero. |