| La lengua griega
dista mucho de ser una lengua uniforme. Se constituye en uno de
los ejemplos más claros de cómo el hecho de compartir una lengua
cohesiona una cultura sin que ésta se halle organizada en un
marco político común o pese a que no esté organizada en un marco
político común.
Los griegos de época clásica
-siglos V y IV a. C.- estaban organizados en ciudades estado o
póleis, plural de
pólis, "ciudad" en griego. Las
ciudades estado eran ciudades independientes fundamentalmente
desde el punto de vista político. Sus órganos fundamentales eran
el Consejo y la Asamblea. El Consejo o boulé ejercía la
jefatura del gobierno y su jefe, que cambiaba cada día y era
elegido por sorteo, actuaba como si fuera el jefe del gobierno
por un día. El Consejo preparaba los asuntos que debían pasar a
la Asamblea del pueblo, para ser debatidos y votados. La
Asamblea la constituían sólo los ciudadanos de pleno derecho. No
formaban parte de ella, por tanto, ni las mujeres, ni los niños,
ni los menores de edad, ni los extranjeros -griegos de otras
ciudades-. Así pues, a diferencia de nuestros sistemas de
gobierno parlamentarios actuales, en los que sólo debaten en el
parlamento y tienen capacidad de voto los elegidos en unos
comicios, en Atenas, por ejemplo, eran todos los ciudadanos los
que se reunían y votaban.
Los ciudadanos de una ciudad,
los polîtai, consideraban extranjeros a los ciudadanos de
otra, pese a que todos se consideraran griegos por hablar
el mismo idioma. A quienes no hablaban griego, es decir, a
quienes no entendían los llamaban bárbaroi, palabra que
es en sí una onomatopeya. Así como nosotros decimos de alguien a
quien no entendemos o cuya conversación no nos interesa bla
bla, los griegos decían bar bar, hasta el extremo de
que con dicha secuencia fónica constituyeron una palabra con la
que se refirieron a todas aquellas gentes y pueblos que no
compartían su idioma.
En todas las ciudades griegas
no se hablaba un griego estándar. Como ocurre entre los
españoles, donde los gallegos hablan con otro acento y hacen uso
de un vocabulario a veces específico de la región, para designar
objetos típicos que no son habituales en otra y, del mismo modo,
los andaluces tienen su forma particular de pronunciar, como
también los salmatinos, en la Grecia Clásica de los siglos V y
IV a. C. había amplias regiones que compartían características
generales del idioma, marcando así una clara diferencia
idiomática entre sí. Se puede hablar incluso de formas
dialectales específicas de una ciudad. Hasta tal extremo llegaba
la fragmentación de los dialectos griegos.
Sólo se puede hablar de griego
estándar o griego común a partir de las conquistas de
Alejandro Magno, cuando en la segunda mitad del siglo IV a. C.
este rey Macedonio extendió sus conquistas hacia el oriente,
hasta llegar a las puertas del Indo. Entonces el escenario
griego, que hasta la fecha se había desarrollado
mayoritariamente en suelo griego y en la costa de la actual
Turquía, amplió sus horizontes. Dejó de tener sentido la
organización política por ciudades estado independientes, dado
que el carácter del marco político griego había cambiado hacia
lo cosmopolita y lo universal. Los vínculos entre el ciudadano y
su ciudad se relajan y se concibe que el hombre pasa a ser un
ciudadano del orbe griego, ya no de una ciudad específica. En un
marco político tan amplio, internacional diríamos hoy en día,
deja de tener sentido la fragmentación dialectal griega ciudad a
ciudad. A partir de la variante dialectal hablada en Atenas se
constituye el que se acordará como griego común o
koiné para uso general del orbe griego. |