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Introducción al sistema casual |
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El griego es una lengua flexiva. Esto quiere decir que las funciones que desempeñan las palabras en el seno de la oración están marcadas, en la mayoría de las ocasiones, por un morfema desinencial, que puede indicar dicha función por sí sólo o en conjunto con otra característica, como pueda ser la presencia de una preposición, la proximidad de algún otro elemento oracional o incluso la posición que ocupa la palabra en la oración. Por ejemplo, en español, la palabra león, no cambia en ninguna circunstancia pese a que desarrolle funciones diferentes en la oración:
En griego, sin embargo, en cada una de dichas funciones, la palabra león adoptaría una forma diferente:
Como se ve, lo que en español se forma mediante el uso de preposiciones, el griego lo hace mediante el uso de desinencias, es decir, formas diferentes que se añaden al final de la palabra. Si en vez de querer indicar un león en singular, quisiéramos indicar leones en plural, deberíamos utilizar otras desinencias específicas para dicha función. Vamos a repetir los mismos ejemplos en griego, pero esta vez en plural:
Así, como en español, el griego posee formas para indicar singular y formas para indicar plural. Pero además, posee formas específicas para indicar dual, es decir, un número de DOS de lo designado. Por ejemplo, para dos leones exactamente:
Pese a la existencia de este procedimiento, también se pueden indicar las funciones oracionales mediante preposiciones. Por ejemplo, complementos circunstanciales existen de muchos tipos. Una forma como λέουσι podría expresar diversos tipos de circunstancias. Para evitar confusiones y perfilar mejor el sentido de lo que se quiere decir, el griego combina las palabras declinadas con el uso de preposiciones. Las preposiciones, que son realmente antiguos adverbios, permiten evitar anfibologías y/o concretar la función semántica específica que se desea otorgar a un sintagma oracional. Es importante tener en cuenta que el número de formas que pueden adoptar las palabras -desinencias- es limitado. Es decir, si para cada función oracional se utilizara una desinencia diferente, nos encontraríamos con que para cada palabra necesitaríamos una cantidad enorme de desinencias. Esto no es lingüísticamente económico. El griego soluciona todas las funciones oracionales combinando sólo CINCO casos, es decir, CINCO formas diferentes de acabar las palabras -realmente cinco para singular y cinco para plural-; como se ha dicho, las situaciones confusas se resuelven por criterios como la adjunción de preposiciones, adverbios, posición de la palabra en la oración o según las necesidades de complementación del verbo de la oración. Por otro lado, es necesario tener en cuenta que en determinadas ocasiones dos casos coinciden, con lo que la confusión puede ser mayor. Sin embargo, la aplicación de un criterio de análisis lógico debe deshacer cualquier duda sobre la función de una palabra. Por ejemplo: οἶς oveja es la forma que desempeña la función de sujeto en singular; pero dicha forma coincide con la que sirve para la función de complemento directo en plural. Evidentemente la forma es la misma aunque el origen de ambos casos es diferente. Si la oración contiene un verbo en singular que ya tiene su complemento directo o que es intransitivo y no tenemos sujeto para él ni podemos sobreentenderlo, entonces οἶς desempeñará dicha función. Por el contrario, si el verbo de la oración ya tiene sujeto y es transitivo y no tenemos otra palabra en la oración que οἶς, debe ser lógico asignarle la función de complemento directo y considerar que es plural. El caso más extremo de confusión y coincidencia es en el número DUAL, donde coinciden las formas de nominativo, vocativo y acusativo, por un lado, y de genitivo y dativo por otro. El DUAL, sin embargo, es un número residual que se usa muy poco, y suele serlo en casos muy claros, como duales naturales del tipo dos ojos. Los CINCO casos que tiene el griego son los siguientes:
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